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Día de la Dinastía Legítima 2018

Acto celebrado el 04 de noviembre en el Hotel Tryp Atocha de Madrid

04/11/2018  Asociación 16 de abril                                                                     

En la mañana de este domingo, 4 de Noviembre de 2018, Don Carlos Javier de Borbón Parma, acompañado de su hermano Don Jaime y de su tía Doña María Teresa, ha presidido los actos carlistas organizados en Madrid por la Asociación 16 de abril con motivo del Día de la Dinastía Legítima.

Los actos comenzaron a las 10.00 horas con la celebración de la Eucaristía en la madrileña parroquia de San Sebastián, sita en la calle Atocha, tras la cual el numeroso público asistente se trasladó al Hotel Tryp Atocha en uno de cuyos salones tuvo lugar el nombramiento de Caballeros y Damas de la Legitimidad Proscripta, Orden creada por el Rey Jaime III y única orden carlista existente, con la imposición de la Cruz distintiva de dicha Orden a los nuevos caballeros y damas entre los que se encuentran el historiador y profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona Doctor don Robert Vallverdú Martí, autor de numerosas obras historiográficas sobre el Carlismo Catalán, y don Domingo Madolell Aragonés, antiguo líder de la primera Assemblea Lliure d’Estudiants de la Universidad de Barcelona, miembro de la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) y represaliado por el franquismo tras las revueltas estudiantiles acaecidas en la Universidad de Barcelona en 1957.

Después del solemne acto de imposición de Cruces de la Legitimidad, Don Carlos Javier se dirigió a los asistentes en un discurso en el que, analizando los graves problemas que afronta el mundo en general y las Españas en particular, advirtió sobre las tentaciones recentralizadoras y totalitarias, frente a las cuales propuso un modelo profundamente federal, basado en el Principio de Subsidiariedad, como solución para el problema político de las Españas, una Democracia societaria articulada de abajo a arriba como mejor forma de garantizar la representación y libertad de los ciudadanos, y una economía basada en la responsabilidad social que sustituya el criterio del beneficio por el del servicio al bien común. Es decir, recordando que la alternativa carlista al sistema vigente es patrimonio común de todos los españoles, y que la misma se encuentra plenamente vigente para los tiempos de hoy. Un Carlismo del siglo XXI, para el siglo XXI.

Le siguió don Robert Vallverdú, que disertó sobre la lógica evolución carlista del cuatrilema decimonónico de Dios, Patria, Fueros y Rey al cuatrilema de los años setenta del Siglo XX de Libertad, Socialismo, Federalismo y Autogestión y la pervivencia del primero en el segundo siendo tal evolución propia de los organismos políticos vivos que aspiran siempre a proponer soluciones a los variables problemas políticos de un mundo en constante movimiento.

Después doña Trinidad Torres Ferrando pronunció un discurso, lleno de emotividad, recordando la tradición carlista de su familia, y manifestando su adhesión a Don Carlos Javier como el legítimo continuador de la Dinastía proscripta.

A continuación, don Manuel Fernández de Sevilla intervino afirmando que, sin entrar en polémicas sobre el debate monaquía/república, la monarquía solo se justifica si es la roca ante la cual se quiebran todas las injusticias, proponiendo un modelo federal que, entroncando con la clásica tradición política que encarnó lo que fue la Monarquía Hispánica, constituya un estado representativo de todos y cada uno de los pueblos que integran Las Españas. Asimismo abogó por un cambio en el modelo económico que prime la economía productiva sobre la especulativa en un marco de crecimiento sostenible resultando de una ceguera absoluta que se continúe sobreexplotando los recursos naturales porque al ser imposible la existencia de un crecimiento infinito en un mundo finito la actual política de crecimiento económico solo puede terminar en un colapso que sobrevendrá al agotarse los recursos naturales.

Finalmente el acto fue cerrado por don José Lázaro Ibáñez y don Ton Aluja, que reflexionaron sobre la significación política de la lucha carlista.

No obstante, Don Carlos, Don Jaime y Doña María Teresa de Borbón Parma permanecerán dos días más en Madrid para sostener diversos encuentros con distintas personalidades del mundo político, cultural y social de nuestro país.

Don Carlos Javier de Borbón-Parma durante el acto del día de la Dinastía Legítima

Don Carlos Javier de Borbón-Parma durante su discurso 

Cruces de la Legitimidad

 

Discurso de Don Carlos Javier de Borbón-Parma - Duque de Madrid

Don Carlos Javier de Borbón-Parma durante su discurso 

Don Carlos Javier de Borbón-Parma durante su discurso 

Don Carlos Javier de Borbón-Parma dirigiéndose a los asistentes al acto del 4 de noviembre.  

"El Carlismo entendido como un proyecto político y social por el que llevamos luchando más de 185 años."
"Luchamos por lo más importante: la Dignidad, los Derechos y las Libertades de las personas. Frente a un mundo que sólo mira al consumo y a lo instantáneo, el Carlismo sitúa a la persona y a su dignidad en el centro de todo el debate."
"El Carlismo bebe de una tradición centenaria, pero adaptándose a las circunstancias del momento para dar respuesta a los problemas de hoy."
"El carlismo debe vivirse y trabajarse desde el siglo XXI y para el siglo XXI."
"Más sociedad, menos Estado".
"Defender la solidaridad no es afirmar que los poderes públicos deben resolver todos los problemas."
"Existe una alternativa al sistema actual español"

Buenos días, amigos, carlistas:
Es una alegría para mi familia y para mí, encontrarme hoy aquí en Madrid con todos vosotros. Es importante reunirse para intercambiar ideas y trabajar juntos por lo que vale la pena.
A nosotros lo que nos une es el Carlismo. El Carlismo entendido como un proyecto político y social por el que llevamos luchando más de 185 años.
¿Y porqué luchamos? Se preguntarán algunos. Luchamos por lo más importante: la Dignidad, los Derechos y las Libertades de las personas. Frente a un mundo que sólo mira al consumo y a lo instantáneo, el Carlismo sitúa a la persona y a su dignidad en el centro de todo el debate. Por ello, nos encontrarán siempre apoyando toda causa justa que defienda a la persona desde su inicio hasta el final.
Es más, históricamente los carlistas nos hemos enfrentado a todo tipo de totalitarismos. Lo hicimos en el pasado y lo volveremos a hacer si se presenta la ocasión, como lo hicieron mi abuelo Don Javier y mi padre Carlos Hugo.
El carlismo desde sus orígenes se ha enfrentado a todo tipo de “descartes”. Defendió a las causas populares frente al liberalismo. Y hoy, frente al capitalismo neoliberal debemos defender la economía social de mercado.
Siguiendo el consejo del Papa Francisco, defendamos igualmente la dignidad de todas las personas frente a la cultura permanente del descarte, entendiéndose por tal “una cultura de la exclusión de todo aquel que no esté en capacidad de producir según los términos que el liberalismo económico exacerbado ha instaurado”, y que excluye “desde los animales a los seres humanos, e incluso al mismo Dios”.
Cada uno en su puesto, con seriedad y haciendo bien las cosas, los carlistas estamos llamados a hacer política realista. A convencer al vecino de al lado para que se involucre en el Bien Común. A devolver su función a la política, que debe ser tarea de servicio y no de enriquecimiento personal.
El Carlismo bebe de una tradición centenaria, pero adaptándose a las circunstancias del momento para dar respuesta a los problemas de hoy. El Carlismo aprende de su larga experiencia para afrontar el futuro. No podemos permitirnos vivir del pasado, ya sea de hace 30 años o de hace 70 años, aunque haya que escribirlo para guardar esa experiencia. El carlismo debe vivirse y trabajarse desde el siglo XXI y para el siglo XXI.
El Carlismo es patrimonio de todos los españoles. Forma parte de nuestro patrimonio colectivo como pueblo.
No puedo dejar de sacar a debate circunstancias que se viven en nuestro país, que veo y analizo desde Europa donde me retienen mis obligaciones personales, por el momento. Ante estas situaciones tenemos que tener en cuenta que nuestra propuesta se basa en conceptos que desde hace 185 años el Carlismo ha ido señalando y adecuando a los tiempos. Son ideas capaces de dar una solución satisfactoria a la problemática territorial española. Estas ideas son un corpus que fijan la vigencia de las raíces y los valores frente a los vientos del presente. Recaer en la mentalidad centralizadora es levantar muros impidiendo alcanzar el proyecto carlista de Las Españas.
Por su oportunidad quiero referirme a los conceptos que marcó mi padre, Carlos Hugo, siguiendo la tradición ideológica de su padre, Don Javier, y éste de sus predecesores, y que pueden dar soluciones a algunos de los problemas actuales.
El Estado no es la fuente jurídica del poder, tan sólo el instrumento ejecutivo de la voluntad popular. Por lo tanto la fuente del poder jurídico es el pueblo.
El gobierno no puede ni debería pretender ser quien concede la libertad o las libertades del pueblo. La libertad la tiene el pueblo por sí mismo al estar formado por personas. Por esta razón es el gobierno quien se debe al pueblo que representa.
El gobierno no es competente para conceder a las comunidades territoriales el derecho a su existencia, ya que estos derechos son anteriores al Estado y deben ser defendidos por el gobierno igual que las demás concreciones de la libertad humana.
En los derechos históricos de las comunidades territoriales radica uno de los núcleos de la cuestión. La sola mención de dichos derechos es una blasfemia para todos aquellos que comparten una visión unitarista del Estado. Esta posición unitarista nos llevaría a considerar que españoles, franceses o alemanes existen como tales porque el gobierno europeo les otorga el derecho de disfrutar estas nacionalidades.
El autogobierno de las comunidades territoriales no tiene porqué representar la fragmentación de un Estado, de la misma manera que la pluralidad de unos partidos políticos opuestos, o de los diferentes sindicatos obreros y federaciones empresariales, no significa tampoco desintegración alguna. Todas estas realidades cohesionan un país, sencillamente porque ayudan a resolver conflictos normales en una sociedad mediante el recurso al diálogo, no por la fuerza, y se puede considerar que constituyen un excelente instrumento de reconocimiento mutuo en la diversidad, en la concordia y en la solidaridad. Lo que significa más democracia, más participación del ciudadano y más responsabilidad del pueblo. Al contrario, el hecho de negar la existencia de estas realidades históricas, políticas y sociales será precisamente lo que puede llevar a un país a su división al no ver reflejado en su gobierno del mismo las inquietudes y necesidades de toda la sociedad.
Así pues la solución hay que buscarla en la Monarquía Federativa, como ya lo fue a lo largo de la Historia, y en el principio de Subsidiariedad, que promueve una construcción de la sociedad de abajo hacia arriba, y por tanto una auténtica autonomía en los niveles más bajos. No vale una reproducción del mismo Estado liberal en cada región histórica, y en lo que hoy son las Comunidades Autónomas, sino que también es necesaria una descentralización hacia las comarcas, los municipios, los grupos sociales, en cada uno de los territorios de Las Españas, porque cuánto más cercana es la política al hombre, más doméstica, más efectiva es. Además se frenaría el anhelo secesionista, que en el modelo del Estado liberal federal alentaría todavía.
Amigos, permitirme que me salga unos breves momentos de la situación española y me dirija a nuestros espacios naturales de convivencia: Hispanoamérica y Europa.
Hispanoamérica. Como todos sabemos, nuestro modo de vida, tradición, lengua… abarca más que la Península Ibérica. Es decir, no somos un pueblo que se circunscribe únicamente a la Península, sino que somos hermanos, hermanos de sangre, de fe, de tradición, de idioma, de otros 20 países, con los que compartimos siglos de historia común. De todos ellos debemos aprender trabajando de tú a tú, uniendo nuestros lazos de historia hacia un futuro que puede y debe escribirse en castellano. Tenemos mucho que aprender unos de otros y debemos saltar el espacio físico que nos separa para seguir innovando, fomentando los proyectos de colaboración mutua. De estos temas mi hermano Jaime os puede contar muchísimas cosas.
Europa. ¿Qué decir del proyecto europeo en este momento? Lo primero es que no nos gusta. Es una respuesta fácil que no aporta nada, como quejarse. En segundo lugar, no responde a los fines que perseguían los fundadores. Todos lo sabemos, pero esta respuesta igualmente no aporta nada. En tercer lugar, es un proyecto necesario. Sí, pero un proyecto que en primer lugar respete las raíces cristianas de Europa, porque sin ellas no es posible la idea de Europa. Partiendo de esas raíces podremos trabajar en la construcción de una Europa de los Pueblos, de una Europa volcada en el Bienestar Social, en definitiva, de una Europa al servicio de los hombres y las mujeres que la integran. Una Europa que ocupe su lugar en la geopolítica mundial, que devuelva al Segundo y Tercer Mundo parte de sus ganancias colaborando en el desarrollo de todos los países. No podemos negar que formamos parte de la aldea global. En cuarto lugar, el modelo de gobierno europeo no puede abolir la existencia de las naciones europeas, por la sencilla razón que fueron ellas las que lo crearon, siendo impensable que este gobierno les niegue el derecho a existir. Por consiguiente deberá aceptar sus derechos de la misma manera que en la antigua Monarquía Española y en otras monarquías europeas, en las cuales el Rey era el garante y el defensor de los derechos de las naciones que se habían unido, compartiendo el gobierno con sus representantes.
Y finalmente, la sostenibilidad. Me habéis oído hablar bastante sobre este tema en el pasado.
Hay un sector que niega la realidad del cambio climático, del problema que tenemos mundialmente, como si esta amenaza fuera una obsesión maligna que se ha apoderado de una pequeña minoría temerosa de los nuevos tiempos. Ante esta situación os invito a reflexionar. También sobre lo que representan estos tres conceptos: Ecología, Economía Circular, y Contaminación, y las consecuencias de no tenerlos en cuenta.
De esta problemática nace la gran importancia que atribuimos a las conductas solidarias. Pero defender la solidaridad no es afirmar que los poderes públicos deben resolver todos los problemas. Eso sería recaer en el absolutismo que nosotros hemos combatido siempre. Pero la limitación del Estado que nosotros defendemos no debe suponer que la gestión del Bien Común recaiga exclusivamente en los individuos.
Amigos, como conclusión: Hoy estamos aquí para demostrar otra vez más que existe una alternativa al sistema actual español. Y análogamente al europeo. Una alternativa que bebe de una tradición de más de 185 años de historia, que sigue viva, y lo más importante, que al formar parte del patrimonio de todos los españoles, está en vuestras y nuestras manos para ponerla en práctica.
Muchas gracias por vuestra asistencia a los actos de hoy y por vuestro compromiso con nuestra sociedad. Gracias.

 

Discurso de Robert Vallverdú Martí

Señor Don Carlos Javier, altezas reales, señoras y caballeros, carlistas y amigos, en nombre de mis compañeros y en el mío les damos las gracias por la distinción recibida. De forma breve quiero resaltar la importancia de la Familia Borbón Parma en la modernización del carlismo.

Desde el 2 de octubre de 1833, fecha del nacimiento de las primeras partidas carlistas en Talavera de la Reina hasta hoy han pasado casi 200 años, y ésto proclama al carlismo como el movimiento político más antiguo de España. Pero el carlismo al llegar el siglo XX no había evolucionado.

Durante el franquismo continuó unido al viejo cuatrilema (Dios, Patria, Rey y Fueros) del siglo anterior. Su incapacidad para adaptarse a una sociedad que progresaba hacia formas más modernas lo condenaba a desaparecer, porqué intentar retroceder la historia es una tarea imposible.

La vivencia religiosa y monoteísta de la realidad, el rechazo a la Modernidad y la estrecha comunicación personal entre el rey y el pueblo, convertían el carlismo más en una vinculación familiar que en una comunidad ideológica, lo que provocaba que cayese en contradicciones.

Cuando el carlismo cayó en manos de la Familia Borbón Parma, personas inteligentes y formadas en universidades europeas y norteamericanas, se dieron cuenta que el carlismo no podía seguir anclado en el pasado y creyeron que era necesario una transformación más acorde a los tiempos contemporáneos.

Sin renunciar a los viejos postulados del siglo XIX, transformaron, actualizaron y adecuaron la política, la economía, la sociedad y sobre todo el viejo cuatrilema a las nuevas ideologías. Así la visión de Dios (concepto muy evolucionado en el nuevo carlismo) quedó en una posición más marginal, a pesar que aceptaban la filosofía carlista inspirada en una concepción cristiana de la vida. Rechazaron la confesionalidad del Estado y de cualquier partido político, como también el ateísmo estatal impuesto, y afirmaron el profundo respeto a los valores espirituales. El hombre en materia religiosa es libre y puede escoger la religión que quiera. Nadie seria ensalzado o menospreciado por no ser católico.

La Patria que propugna Carlos Hugo la forman las comunidades humanas que conservan los valores de la historia, no falseados ni mutilados, que se proyectan en libertad y igualdad hacia un futuro de justicia para todos los hombres y mujeres que la integran. La federación de los pueblos potenciaría en la libertad las comunidades autóctonas del Estado español y uniría los esfuerzos de todos en un trabajo comunitario y humano.

La concepción que tienen los carlistas del Estado es el que surge del pacto federal entre los diversos pueblos. Para Carlos Hugo las libertades no van de arriba abajo, sino de abajo arriba. Empiezan con la persona humana, el único ser libre de la Creación, pasan a la familia, al pueblo, a la comarca y a la región que llama federación. Cada una de estas federaciones elaborará de acuerdo con los valores de la historia, no falseada ni mutilada, su propia organización y todas juntas establecerán la Confederación Ibérica y la nueva Constitución.

La dificultad de encajar el Rey en un socialismo autogestionario la solucionó dando al monarca la tarea de arbitraje y equilibrio. El monarca no tenía que ser más que un instrumento de defensa entre las federaciones que configurasen el Estado. Evitaría así que una federación grande pudiera avanzar más que otra de menos extensión.

En síntesis, el programa de Carlos Hugo perfectamente elaborado y estructurado, quizás un poco utópico, quizás irreal, hubiese tenido sus opciones en una sociedad preparada y acostumbrada a ejercer los derechos de ciudadanía, pero resultó finalmente inadecuado a las condiciones reales del pueblo español, muy despolitizado y temeroso después de 40 años de dictadura. En cierta forma se demostraba una vez más el dramático divorcio entre una clase dirigente y un pueblo que no tiene respecto ni confianza en una minoría intelectual que propone cambios en su beneficio.

La intencionalidad de la Familia Borbón Parma no era otra que la de intentar reparar una laguna del pasado carlista y ha sido útil para un mejor conocimiento de esta opción política en una de las etapas más apasionantes de nuestra historiografía contemporánea en su recuperación nacional.

Muchas gracias.

D. Robert Vallverdú Martí, profesor de la Universitat Rovira i Virgili  durante su discurso 

Don Carlos Javier de Borbón-Parma hace entrega de la Cruz de la Legitimadad

 

Discurso de Trinidad Torres Ferrando

Queridísimos y respetados D. Carlos Javier, Doña Mª Teresa y D. Jaime:

Me siento muy emocionada y agradecida, pues para mi es una satisfacción y un honor difíciles de expresar el haber recibido de Vos esta Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscripta, por lo que supone de reconocimiento de la lealtad de mi familia a la dinastía y a la causa carlista que Vos y sólo Vos representáis, y cuyo lema “Dios, Patria y Rey” aún tengo grabado en lo profundo de mi corazón desde mi niñez.

Lealtad supone responsabilidad y compromiso con dicha causa, y sentimientos compartidos con quienes luchan por un mismo ideal, aunque muchos nos digan y hayan hecho creer que este ideal es una utopía irrealizable.

Mi amor y lealtad al carlismo se inicia con mis antepasados: Mi bisabuelo materno ya luchó al lado del Rey Carlos Vll en las montañas del Maestrazgo, esta lealtad se prolongó con mis abuelos, madre, tíos y hermanos. Tanto mi abuelo como mi tio Rafael recibieron la Cruz de manos de vuestro abuelo el Rey Javier, ahora Vos, su legítimo sucesor, me la habéis impuesto a mí, convencida de que soy quien menos la merece, pero la acepto con profundo agradecimiento después de que la hayan recibido, también de Vos mismo, algunos de mis hermanos, y sobre todo mi madre, en enero de 2012 en Valencia; fue uno de los días más emocionantes de su vida y de la nuestra.

Soy carlista porque lo llevo en la sangre, por tradición, por la herencia y la defensa de unos valores, como son la confianza y la fe en una dinastía asentada en el apoyo popular, en la identificación de un pueblo con sus reyes, y en una ideología basada en la creencia en Dios, la misma que vuestro padre tuvo hasta el fin de sus días, como nos lo hizo saber a todos los carlistas.

Estoy convencida de que hoy desde el Cielo está aquí con nosotros, y nos propone la misma generosidad, sacrificio, solidaridad y justicia que él vivió durante todos los días de su vida.

En mi caso no soy carlista sólo por herencia o sentimientos, sino también por convicción personal ya que soy cristiana católica, en comunión con la religiosidad de nuestros reyes. Estos mismos valores los hemos recibido todos los hermanos, y espero poder pasarlo a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos.

Estoy convencida de que Dios, con toda seguridad, tendrá junto a El a nuestro querido Rey Javier, que tanta ternura nos producía, y a nuestro admirado Carlos Hugo, que fue siempre un buen cristiano, un buen hijo, un buen padre y un buen rey carlista, y seguro que también hubiera sido un gran abuelo.

Quiero hacer también partícipes de mis emociones y sentimientos a mi familia, a mis hermanos que están hoy acompañándome con la misma emoción que yo, a mis hijos y nietos, así como a todos los compañeros de espíritu carlista y a las damas y caballeros que, como yo, han recibido la Cruz de la Legitimidad Proscripta. Sus rayas negras siempre me recordarán que nuestros reyes fueron desterrados injustamente y por eso seguimos de luto, y las verdes la esperanza que no se pierde nunca cuando uno está convencido de su ideal.

Y en este momento renuevo todo mi afecto y lealtad a la larga historia del carlismo de la que Vos sois su legítimo representante, a vuestra familia, y a todos aquellos que desean lo mejor para nuestra causa.

Quiero terminar con unas palabras de D. Ramón del Valle-Inclán:

Mientras quede un brazo que mueva una honda,

mientras queden piedras en los pedregales,

mientras tenga ramas esta vieja fronda

donde cortar picas para tus zagales,

mientras en tu pró se mueva una lanza,

Rey Carlos Javier, para tu gloria hay una esperanza.

Con todo mi afecto y admiración:

Trini Torres Ferrando

Doña Trinidad Torres en un momento de su discurso

Don Carlos Javier de Borbón-Parma hace entrega de la Cruz de la Legitimadad

 

Discurso de Manuel Fernández de Sevilla

Bon dia a todas y todos,

Señor, Altezas:

No provengo de una familia de tradición legitimista, mi militancia carlista lo es únicamente por convicción ideológica, por la trayectoria que ha seguido la Familia Borbón Parma, por vuestro padre el Rey don Carlos Hugo I.

Quiero expresarle mi más profundo y sincero agradecimiento por la Cruz de la Legitimidad Proscripta que me ha impuesto. Es un honor pero sobre todo una gran responsabilidad el portar esta Cruz, todo un símbolo del Pacto Dinastía-Pueblo, ya que implica un compromiso político tanto por parte de quien la otorga como de quien la recibe. Esta Cruz, instituida en 1923 por vuestro antecesor el Rey Jaime III, nos recuerda el ejemplo de muchos miles de carlistas que por su fidelidad a la Causa sufrieron persecución y represalias de todo tipo. No es la nuestra una condecoración que se pueda homologar a cualquier otra Orden de las existentes en otros lugares de Europa. No es una distinción cortesana, sino todo lo contrario, es un emblema de lucha, de la lucha política de una militancia proscripta.

Para nosotros, los carlistas, la Monarquía no es una institución vacía que se justifiqué como un residuo estético del pasado para divertimento de aspirantes a rancios cortesanos, sino que tiene un contenido sin el cual perdería su sentido. Nuestro grito de “¡Viva el Rey!” no es un grito hueco, sino que equivale a un “¡Viva la idea” que el Rey representa; para nosotros, los carlistas, la Monarquía es la roca ante la que quiebran todas las injusticias. Por eso creo oportuno recordar, aquí y ahora, la brillante definición del Pacto Dinastía-Pueblo que realizo vuestro abuelo, el Rey Javier I, con motivo del Congreso Carlista de 1966:

“El gran tesoro de nuestra Monarquía Tradicional es, precisamente, esa fructífera colaboración de la Dinastía y el Pueblo carlista. Un pueblo monárquico sin cabeza es un contrasentido, carecería de fuerza política y no tendría capacidad de atracción ante los restantes ciudadanos del país. Una Dinastía sin Pueblo quedaría totalmente incapacitada para cumplir con su deber. Sería nada más que una constante reclamación de unos derechos heredados, que nada importaría a los españoles que piensan en el futuro y en el bien de la Patria. Pero nuestra Monarquía tiene, desde hace siglo y medio, esta colaboración entre Pueblo y Dinastía. Una colaboración sellada con lealtad, entrega, adhesión, afecto vivísimo y, en muchas ocasiones, rubricada con sacrificios, penalidades, cárceles, destierros y hasta la propia vida. Ante una historia así, nadie puede retroceder. Nadie puede abdicar en sus obligaciones”.

Vuestro padre, el Rey Carlos Hugo I, en una entrevista con Le Nouvel Observateur el día 5 de noviembre de 1975, al ser preguntado por la evolución política del carlismo afirmaba lo siguiente:

“Ha representado a las fuerzas populares contra un pretendido liberalismo que no era otra cosa que un instrumento del capitalismo naciente y apoyado por el extranjero; que había impuesto la desamortización, la privatización no solamente de los bienes de la Iglesia sino de las tierras comunales al servicio del desarrollo de la propiedad privada. Nosotros hemos querido proteger todo aquello que era comunal, común, colectivo. ¿Qué es el socialismo? Es la integración del hombre en la comunidad”.

Hasta aquí vuestro abuelo y vuestro padre. Ésta y no otra es la esencia de nuestra Causa, la alianza política de una Dinastía y de un Pueblo para luchar contra las instituciones ilegítimas de un cierto liberalismo que en lo político niega derechos democráticos a las personas y a los pueblos, en lo social se muestra explotador del ser humano y en lo cultural quiere hacer tabla rasa de todo pasado histórico a fin de reconstruirlo a su antojo y conveniencia.

Ante la caricatura cortesana, clerical y paramilitar del Carlismo, que nuestros enemigos han difundido entre el pueblo español para desacreditarnos, la realidad es que, desde hace casi doscientos años, constituimos un cuerpo completo de doctrina política que en cada momento histórico ha sabido presentar a la sociedad española, siempre viva y por tanto siempre cambiante, un programa realista con el que hacer frente a los problemas del presente.

Así, entre otras muchas cosas, frente a las actuales tendencias recentralizadoras y centrífugas proponemos un federalismo que, entroncando con el modelo de nuestra clásica tradición política encarnada en lo que fue la Monarquía Hispánica, constituya un estado representativo de la soberanía particular de todos y cada uno de los pueblos que integran Las Españas

Frente a la corrupción, que parece que todo lo infecta hasta el extremo de que hablar exclusivamente de corrupción política tal vez sea un reduccionismo, y al problema de la libertad y representatividad política que plantea la actual “democracia representativa”, proponemos una “democracia societaria” articulada de abajo a arriba, donde los representados puedan participar activa y constantemente en las decisiones de sus representantes mediante el “mandato imperativo”, y en la cual los políticos queden sujetos a una especie de “juicio de residencia” que valore la honradez y honorabilidad con la que han desempeñado sus funciones.

Creemos de vital importancia y, por tanto, proponemos un cambio estructural que prime la economía productiva sobre la especulativa en un marco de crecimiento ecológico sostenible. Resulta de una ceguera absoluta que se continúe sobreexplotando los recursos naturales porque al ser imposible la existencia de un crecimiento infinito en un mundo finito, la actual política de crecimiento económico sólo puede terminar en un colapso que sobrevendrá al agotarse los recursos naturales.

Igualmente entendemos la economía como una ciencia al servicio de las personas, por lo que debe servir a la prosperidad y al desarrollo de todos y no únicamente de unos pocos, por lo que proponemos una economía de responsabilidad social que sustituya el criterio del lucro individualista por el servicio al Bien Común, siendo inadmisible que en nuestro común planeta persistan ingentes masas de seres humanos en condiciones de miseria y pauperismo a pesar de habitar en zonas ricas en recursos naturales, mientras que en nuestro mundo occidental se constata un retroceso progresivo en derechos sociales y se abre camino al hecho incuestionable de que cada vez más personas tienen acceso a menos cosas en lo que está suponiendo un cambio sociológico en el que los hijos van a vivir peor que sus padres.

Soy, somos conscientes, que nuestras propuestas no son sólo propuestas y exigencias materiales sino que buena parte de ellas descansan en principios metafísicos que exigen una renovación moral del ser humano. Soy, somos conscientes, que nuestra tarea es enorme, porque resulta mucho más fácil asaltar el Palacio de Invierno que el cambiar el corazón de un solo hombre y que los carlistas de hoy, como los de ayer, estamos llamados a desarrollar un enorme esfuerzo creador que, partiendo del análisis de la realidad, sea capaz de dar respuestas eficaces a los actuales problemas teniendo muy claro de que, recordando aquello de Pierre Corneille de “vencer sin arriesgarse es triunfar sin gloria”, solamente del trabajo y del esfuerzo nace la creación duradera.

Soy, somos conscientes, que en ese esfuerzo creador contamos con vuestro apoyo y colaboración junto con el de la Dinastía Legítima que representáis.

¡Viva el Rey don Carlos Javier I!

¡Vivan las Españas!

Don Manuel Fernández en un momento de su discurso

Don Carlos Javier de Borbón-Parma hace entrega de la Cruz de la Legitimadad

 

Discurso de José Lázaro Ibáñez

Buenos días, amigos todos:

Es un honor estar tan bien acompañado en la capital del Estado español, de las Españas como nos diría nuestro Rey Carlos VII. También lo decimos aquí y ahora, con todo lo que significa para los carlistas, en estos momentos tan convulsos y difíciles de 2018.

Me ha tocado dirigir unas palabras y lo hago con toda humildad, desde el corazón, viendo que no estamos todos, faltan miles de personas de buena voluntad, que por diferentes razones no nos acompañan. La comodidad, compañeros, hace mella y estragos en esta sociedad tan materialista y enferma.

Nunca hemos tenido tantos medios económicos, tecnológicos y de cultura para avanzar hacia una sociedad más justa, y no los aprovechamos para servir al interés general, más bien al contrario, el individualismo y la corrupción campan a sus anchas, marcando el camino equivocado.

No puede ser, tenemos que reaccionar YA, ¡¡¡Basta ya!!!

Caminamos hacia la destrucción del planeta, el cambio climático es una realidad, debemos cambiar de actitud, aunar voluntades, mayores compromisos y organización antes de que sea tarde.

Las soluciones no son fáciles, éstas pasan por una regeneración total de las instituciones económicas y políticas que nos gobiernan.

Hay que poner en primer lugar a las personas, su diversidad, la solidaridad de los pueblos, la defensa de la naturaleza es una necesidad inaplazable, esta sociedad no nos sirve, está rota, en la Unidad de Cuidados Intensivos, no nos representa, debemos y podemos darle la vuelta.

Tenemos que tener claro que es una lucha contra viento y marea que merece la pena llevarla a cabo por respeto a nuestra historia, a nuestros mayores, a nuestros hijos y nietos también, que el futuro es de todos ellos, y que el ninguneo al Carlismo desde todos los ámbitos es una constante, lo mismo desde la derecha que desde la izquierda, porque seguimos molestando.

No podemos permitir que nos silencien y manipulen nuestra historia de casi doscientos años, Desde el minuto uno el Carlismo estuvo y está a favor de las libertades y de la justicia social para los más débiles, por supuesto que tenemos que reconocer nuestras equivocaciones y que hemos sido utilizados por los poderosos como carne de cañón.

¿Y quién no ha sido utilizado alguna vez?

De todas formas, compañeros, viendo como está el país, merece la pena nuestra presencia y entrega en la lucha por una sociedad más humana y con nuevos valores.

Por la regeneración de la Democracia, ¡¡¡Aurrerá!!!

¡¡¡Viva Don Carlos!!!

Don José Lázaro durante su discurso

Don Carlos Javier de Borbón-Parma hace entrega de la Cruz de la Legitimadad